BIBLIA
Los derechos del inmigrante en la Biblia
JOSÉ CERVANTES GABARRÓN
En castellano el término «emigrante» designa a toda persona que se ha marchado a otro lugar o país, en el cual reside normalmente para trabajar en él. La palabra «inmigrante» impli-ca un cambio de perspectiva respecto al «emigrante» y se refiere a toda persona que ha venido desde su lugar
de origen a otro lugar o país, generalmente también por motivoslaborales. En el Antiguo Testamento la palabra «g‘r» es la que mejor se corresponde con nuestros términos «emigrante» e «inmigrante». El término «g‘r» aparece 92 veces en el AT (cf. Éx 22,20).
En el mundo antiguo es conocido el deber de la hospi-talidad hacia el forastero como un aspecto característico de la idiosincrasia de los pueblos semitas y mediterráneos. Los beduinos del desierto y los pueblos nómadas, los hebreos, los griegos y los ro-manos acreditan sus costumbres hospitalarias. Ateniéndo-
se a razones humanitarias propias de la filantropía y al motivo religioso del temor de los
dioses, en el mundo griego y romano se practica la hospitalidad. Ya desde la época de Homero, el extranjero y el mendigo son considerados como
enviados de Zeus y por ello han de ser tratados respetuosamente, de modo que la hospitali-
dad se puede entender como una virtud social y religiosa.
En el AT son muchos los pasajes en los que aparece la hospitalidad con el forastero como un deber natural del is-raelita. Aceptando que los patriarcas eran pastores seminó-madas, se regían por el llama-
do «código del desierto», un
código no escrito cuyo pilar
básico era la hospitalidad con el forastero. Se pueden mencionar como relatos positivos ejemplares de acogida al forastero la escena de Abrahán hospedando en su tienda, junto al encinar
de Mambré, a tres individuos desconocidos, en quienes reconoce la presencia del Señor (Gn 18,1-16). Su hospitalidad será compensada con el favor de
Dios que concederá un hijo a
su esposa Sara en la vejez. La misma recompensa tendrá la hospitalidad de la mujer sunamita con el profeta Eliseo
(2 Re 4,8-11). Job da testimo-
nio de su hospitalidad con el
forastero como muestra de buena conducta (Job 31,31-32).
También se encuentran en la
Biblia relatos ejemplares negativos por haber faltado a la hos-pitalidad, como el de los habitantes de Sodoma. Ellos aten-taron contra los huéspedes de Lot, que había salido en defen-sa de los extranjeros hasta lle-
gar a ofrecerles a sus propias
hijas, y merecieron el castigo de la ciudad (Gn 19,1-11). Lo mismo se puede decir del castigo
de los benjaminitas por haber matado a la concubina del le-
vita hospedado en casa del viejo efraimita de Guibeá (Jue
19,1-30).
En la consideración del extranjero en Israel no sólo es importante la hospitalidad con el forastero como un valor social fundamental sino también la identidad misma del pueblo
de Israel desde sus orígenes. Las raíces seminómadas del pueblo hebreo, la historia errante de Abrahán (Gn 12,1-10), de Isaac (Gn 26,1-6) y de Jacob (Gn 46,1-4), la experiencia de la emigra-ción de los israelitas a Egipto que derivó en esclavitud y opresión (Éx 1,1-15,21) y la primera de-
portación a Asiria (2 Re 15,29; 17,6; 18,9-13) son los referentes históricos del que se considera
comúnmente el credo histórico
de Israel recogido en Dt 26, 5-
10: «Mi padre era un arameo errante, que bajó a Egipto y residió allí siendo pocos aún, pero
se hizo una nación grande, fuer-te y numerosa....»
|
 |
|
Con todo, el elemento más destacado del tratamiento del inmigrante en la Biblia y que constituye la principal novedad de Israel respecto a los pueblos de su entorno cultural es la presencia del inmigrante en los
textos legales, lo cual supone la elaboración y promulgación de leyes encaminadas a proteger a los inmigrantes, reconociéndoles progresivamente todos sus derechos en la sociedad israelita. La Biblia en sus tradiciones legales originarias, el Có-digo de la Alianza del libro del Éxodo (Éx 20,22-23,19) , el Código Deuteronómico (Dt
12-26), el Dodecálogo Sique-mita (Dt 27) y la Ley de Santidad del Levítico (Lv 17-26), articula y desarrolla una legislación genuina sobre el inmigrante, el cual es siempre beneficiario de las medidas de protección social recogidas en las leyes de la sociedad israelita ya desde el siglo IX a. C., pero cuyo origen se remonta a la época de los Jueces en Israel. En esas leyes, que revelan el proyecto de Dios
sobre la convivencia humana en la justicia, el inmigrante tiene todos y los mismos derechos que el nativo (Lv 19,33-34; Éx 22,20; Dt 10,19; Nm 15,15).
Nuestra reflexión sobre el problema de los inmigrantes desde la perspectiva cristiana acude a las fuentes de la revelación para descubrir en los
veneros de las tradiciones bíblicas las aportaciones específicas del cristianismo a la sociedad global e intercultural, donde los movimientos mi-gratorios se manifiestan como una consecuencia más de las estructuras económicas injustas de la humanidad y de las políticas generadoras y pro-motoras de desigualdad entre los pueblos. A modo de conclusión destacamos:
1. El carácter legal del término «inmigrante» y la dimensión espiritual del término «emigrante» en la Biblia
En los textos bíblicos se constata la presencia de dos tendencias fundamentales en la consideración de los emi-grantes, de las cuales se deri-van las claves para una teología de la inmigración. Por una parte, el predominio del carácter legal y jurídico del térmi-
no «inmigrante» en la Biblia
sitúa el problema de la inmi-gración en el nivel de la justicia social y revela un orden
legal que, aparte de las consideraciones éticas o teológicas de fondo, objetiva las razones de un sistema de justicia vigente en diversos códigos antiquísimos recogidos en las tradi-ciones legales del Pentateuco
y se convierte en una referencia histórica relevante para cualquier legislación. Por otra, en la Biblia se percibe un proceso de teologización progresiva |
de la categoría del «emigrante», lo cual comporta una espiritualización del término tanto en la religiosidad israeli-ta como en la comunidad cristiana primitiva. Esta dimensión religiosa se remonta al origen abrahámico de la fe, revela la identidad histórica profunda
de judíos y cristia-nos y manifiesta la humildad, la pro-visionalidad y la dependencia del ser humano respecto a Dios en el peregrinaje de su existencia.
2. La justicia social de la Biblia declara a los inmi-grantes beneficiarios de todos los derechos
A partir de los primeros textos de la legislación bíblica sobre el inmigrante en el Có-digo de la Alianza (Éx 22,20; 23,9; 23,12) y a tenor de su desarrollo posterior en las tradiciones deuteronómicas (Dt 24,14-22; 27,19; 10,19) y las sacerdotales del Levítico (Lv 19,33-34; 23,22), en la justicia social bíblica se articula una
legislación genuina sobre el inmigrante, que lo convierte exclusivamente en beneficiario
de las leyes y de las medidas
de protección social y en sujeto de todos y los mismos derechos que el nativo israelita
(Lv 19,33-34; Éx 22,20; Nm 15,15). Y todo ello independientemente de su procedencia y de las causas de su emigración. Para la ley sólo cuenta
el estatuto legal del inmigran-te como persona necesitada. Por eso el inmigrante no pue-de ser objeto de abuso, de ex-plotación, de vejación alguna,
ni de extorsión, y mucho me-
nos se puede aceptar la legitimación de medidas de exclusión o de persecución del inmigrante. Desde la interpretación evangélica de la justicia y la identificación plena de Jesús de Nazaret con los pobres, los necesitados, los excluidos y los forasteros, el evangelio de Mateo consolida
y culmina el mandato deu-teronómico del amor al inmigrante (Dt 10,19). Las bienaven-turanzas (Mt 5,3-12) y el final
del discurso escatológico (Mt 25,31-46) convierten a los inmi-grantes, junto a todos los indi-gentes y oprimidos del mundo, y sólo por el mero hecho de
serlo, en herederos de la tierra y en beneficiarios con pleno derecho del Reino de Dios.
3. La memoria del sufrimiento como fundamento de los derechos del inmigrante.
Todas las leyes que en el Antiguo Testamento tratan de los inmigrantes velando por su protección y defendiendo sus derechos humanos y sociales están dirigidas a la comuni-
dad de los israelitas, que son
los destinatarios únicos de las prescripciones legales. Las
cláusulas motivacionales de
dichas leyes dan cuenta de las razones de tales normas.
|
Los dos tipos de argumentación
frecuentes en ellas recurren a
la memoria histórica del sufrimiento de Israel evocando
bien sea la experiencia de la emigración en Egipto o bien sea el sufrimiento de la esclavitud en Egipto, pero diferenciando las dos etapas. La fórmula «porque + fuiste emigrante + en Egipto» (Ex 22,20; 23,9; Lv 19,34; Dt 10,19) fundamenta el contenido mismo de las leyes según el principio de reciprocidad, de modo que tanto la prohibición de la opresión, la explotación y la veja-ción del inmigrante como el amor hacia él se apoya en el
pasado histórico de Israel como emigrante. En cambio, la fórmula «recuerda + fuiste esclavo + en Egipto» (Dt 6,21;
16,12; 24,18.22) evoca la opresión de la esclavitud e invoca
el principio de gratuidad liberadora de Dios para reclamar el cumplimiento de toda
ley defensora de los pobres, representados en la tríada deu-teronómica: «el inmigrante, el huérfano y la viuda». Conver-
tir la memoria del sufrimiento
y la tradición de los oprimidos en razón y argumento de las
leyes que miran por el bien y la liberación de los pobres y de los inmigrantes es encontrar la razón humana más profunda del derecho y de la justicia.
4. La condición de emigrante como paradigma de la vida cristiana y como estrategia social en el horizonte de la fraternidad universal.
El carácter religioso del término «emigrante» presente en el sentido metafórico de textos como Lv 25,23; Sal 39,13 y 1 Cr 29,15 resalta sobremanera
la dimensión de la esperanza
en Dios de los israelitas durante la diáspora judía postexílica, en las épocas helenística y romana. Esta experiencia de diáspora y de emigración es la realidad social dominante en las comunidades petrinas de Asia Menor destinatarias de la Carta primera de Pedro del Nuevo Testamento. La condición jurídica y social de emigrantes sin patria ni hogar propicia a los cristianos y cristianas de 1 Pe la oportunidad extraordinaria de dar
|
|
|
testimonio de la esperanza puesta en Dios (1 Pe 1,3.11.21; 3,15), de mostrar an-te los no creyentes comportamientos convincentes de respeto, de disponibilidad y de bondad, capaces de provocar ex-trañeza y admiración en
medio de la sociedad hostil en la que viven. Para ello cuen-
tan con la fuerza del Espíritu que emana de la Pasión de
Cristo (1 Pe 2,21-25; 3,18; 4,1).
Éste es la auténtica piedra de choque para los constructores de este mundo, pero al mismo tiempo piedra angular (1 Pe 2,4-10) y clave en la construcción de la fraternidad humana universal, de la que es una realidad viva en el tiempo presente
la fraternidad cristiana. Así pues, la realidad social de los emigrantes de la diáspora y el talante espiritual correspondiente a la fe
en Cristo hacen de la condición emigrante un paradigma de la vida cristiana y, al mismo tiempo, una estrategia testimonial marcada por el espíritu de resistencia y de aguante en el sufrimiento por la justicia (1 Pe 2,18-20; 3,14), con la valentía propia de las personas libres (1 Pe 3,14; 2,16) y haciendo siempre el bien.
|
|