No. 1.394 II Época Año 2007 Tomo CXIX BOGOTÁ D.C. COLOMBIA
 
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CRISTOLOGÍA

La pedagogía de Jesús

CARMEN JULIA PAGÁN

¿Jesús vino a enseñar?

Es significativo indicar que todos los evangelistas colocan la actividad pedagógica de Jesús desde el inicio de su ministerio. Marcos nos dice: «Entraron en Cafarnaúm, y el sábado entró Jesús en la sinagoga y comenzó a enseñar.


Y se admiraban de su doctrina porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas» (Mc 1:21-22). De igual manera los evangelistas finalizan sus relatos con una exhortación de Jesús comisionando a sus discípulos a predicar y a enseñan el mensaje recibido. «Id y haced discípulos a todas las naciones,... y enseñándoles...» (Mt 28:19-20ª). Mirar los evangelios con un lente pedagógico podría ser muy revelador e ilustrativo para nuestra práctica educativa. En ellos descubrimos que la misión de Jesús, al igual que la de la iglesia, es la de enseñar.

Aunque los evangelios contienen una cantidad de material histórico-narrativo, examinado bajo el lente de la primera iglesia, en el momento en que Jesús comienza su ministerio todo lo que El hace es motivo de una enseñanza. En sus acciones y estilos Jesús modela pedagogía y en sus dichos transmite un contenido teológico. Jesús tomó de las experiencias de la
vida cotidiana para hacer de ellas temas de enseñanza religiosa. Lo que nos ilustra sobre su énfasis como Maestro en la penitencia y en la aplicación. De las actividades pedagógicas de Jesús podemos extraer ejemplos sobre las muchas formas en que se puede impartir la enseñanza, las diferentes maneras en que la gente aprende y de cómo los escenarios modifican la experiencia educativa.

¿Entendemos la pedagogía de Jesús?

Es medular entender como la práctica pedagógica de Jesús respondió a su contexto. Para El Maestro, las situaciones concretas de sus discípulos fueron ocasiones para impartir una enseñanza.

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Los discípulos fueron dirigidos a encontrar respuestas den tro del marco de su propia realidad. La actividad pedagógica de Jesús fue impactante, no sólo por el contenido de sus enseñanzas, sino también por la viveza educativa que se dio en la misma.

El dinamismo que Jesús le impar tió a su enseñanza, la profundidad de sus palabras y los resultados que ésta produjo fueron impresionantes. Los evangelistas en sus relatos llenos de dramatismo recogen esa imagen de Jesús como pedagogo.

Al leer los evangelios con un lente pedagógico apreciamos la gran diversidad de métodos empleados por Jesús y el cómo la pedagogía y el contexto se relacionan. Pues los métodos de Jesús fueron respuestas concretas a experiencias a las cuales El quería responder. Entre los métodos empleados por Jesús tenemos: historias, parábolas, milagros, oraciones, discursos, símbolos y lenguaje simbólico, preguntas y respuestas, estudio de casos, re-petición, inducción, motivación por medio de ejemplos y proyectos. Como se puede apreciar los métodos de Jesús fueron varia dos entre sí. Es que la pedagogía invita a la creatividad y a la respuesta efectiva del momento y
situación en que se imparte la enseñanza.

En Jesús, lo teórico y lo práctico se entrelazaron en la práctica educativa. Por eso podemos decir que las experiencias de sus discípulos fueron motivos para la enseñanza y el resultado de la enseñanza fue motivo para modificar sus experiencias de vida. Para El Maestro la experiencia no fue relato trivial e insignificante, sino punto de partida para entender la situación teológica y existencial en que se encontraban sus discípulos.

¿Qué es la pedagogía de la pregunta?

De todas las técnicas utilizadas por Jesús en esta presentación nos limitaremos a la pedagogía de la pregunta. La pregunta es una técnica muy

apropiada para la enseñanza religiosa a todos los niveles. En la educación religiosa cristiana el hacer preguntas debe verse como una de las mejores herramientas para lograr una pedagogía transformadora. S.G. Fortoris nos dice que la importancia de la pregunta consiste en que ella estimula el pensamiento fructífero. La pregunta ayuda a clarificar los pensamientos, particularmente cuando éstas son bien planificadas y dirigidas. Esta lleva a la reflexión profunda y al análisis. La pregunta es tan importante en la educación que no podemos afirmar que el/la maestro que domina la técnica de la pregunta domina bien el arte de la enseñanza.

En la educación religiosa las preguntas pueden utilizarse para dirigir a los/as estudiantes a modificar sus comportamientos y actitudes. Las preguntas invitan a que éstos confronten por sí mismos sus situaciones frente a las demandas del evangelio, de tal manera que lleguen a sus propias conclusiones. El enseñar la fe no es meramente una actividad intelectual, sino también una que envuelve los sentimientos y la voluntad. De eso es que trata la educación religiosa cristiana, de formar hombres y mujeres con un profundo carácter cristiano.

La técnica de la pregunta es empleada con frecuencia en nuestras prácticas educativas, pero no siempre de la mejor manera, ni produciendo los resultados deseados. Ya que las preguntas no provocan efectos por el sólo hecho de decirlas, éstas deben ser dirigidas con propósitos claros y definidos. Lo que nos invita a evaluar: ¿cómo hacemos preguntas? ¿qué clases de preguntas exponemos? ¿hacia quién(es) van dirigidas? ¿qué finalidad persiguen? ¿cómo éstas corroboran el aprendizaje?

¿Por qué Jesús enfatizó esta técnica?

Jesús enseñaba el mensaje del Reino. El quería confrontar al pueblo hebreo con su tradición religiosa con el deseo de que éstos entendieran lo que realmente significa conocer a Dios. El interés primordial de Jesús fue el de estimular el pensamiento profundo y reflexivo con relación a las verdades que presentaba. Toda persona que escuchaba seriamente lo que Jesús decía era movida a hacer un análisis profundo en su interior. Jesús vino a impartir una enseñanza provocadora. Una enseñanza que se encarnaba en la vida real de sus discípulos y produjera cambios.

Esta manera de Jesús de enseñar contrasta mucho con los estilos pedagógicos que se dan en muchas de nuestras iglesias. La sociedad en general, así como la iglesia, se han convertido en lugares de pensantes uniformes y de opiniones acomodadas. Evadimos el cuestionar las implicaciones de las enseñanzas de Jesús con toda su profundidad y trascendencia. Nos conformamos con decir que para El Maestro, todo es posible. Que la oración es la respuesta para resolver nuestros problemas, sin afirmar la necesidad de un compromiso más concreto con nuestra comunidad.


F. F. Bruce en su libro The Hard Sayings of Jesus, nos dice que una de las razones por las cuales las personas encuentran difíciles y complejos los dichos de Jesús es porque no les gusta pensar. Según Bruce para algunas personas el pensamiento es un ejercicio dificultoso e incómodo, especialmente cuando éste envuelve la apreciación crítica de prejuicios y de convicciones bien arraigadas o cuando el reflexionar reta las opiniones prevalecientes aceptadas por la sociedad. El «hacer pensar» a nuestros discípulos debe ser uno de nuestros propósitos al educar. Pues la fe que no resiste el cuestionamiento, ¿qué clase de fe es?.

La pedagogía de la pregunta nos puede ilustrar la manera de hacer preguntas, ya que El Maestro las utilizó de una manera única. Vemos a Jesús empleando esta técnica en innumerables pasajes en los evangelios ya sea sola o en combinación con muchos de los métodos de enseñanza antes mencionados. La pregunta se convirtió para Jesús en una chispa que inició la conversación y el diálogo. Fue como el motor generador para una discusión más amplia.

¿Cómo eran las preguntas de Jesús? ¿cuáles eran sus propósitos?

Las preguntas que Jesús hizo fueron de toda clase. Estas fueron directas e indirectas. Fueron hechas a varios niveles, buscando que los discípulos alcanzaran un mayor entendimiento de la fe.

Jesús como buen pedagogo no sólo respondió a su nivel intelectual, sino también a la situación particular en la cual se encontraban. Jesús hizo muchas más preguntas que las que contestó, y en ocasiones contestó una pregunta con otra pregunta. También provocó en los discípulos el ha-

 
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cer preguntas. En su búsqueda de la verdad Jesús no tuvo temor al cuestionamiento.

Los propósitos de Jesús al hacer preguntas fueron muy variados. Están desde los más sencillos, hasta los muy complejos. Entre ellos enumeramos los siguientes:

1. Para fomentar el interés o establecer un punto de contacto/Jn 4:7; Lc 8:45
2. Para iniciar y estimular el pensamiento/Lc 9:25; Mt 6:27; Jn 13:12
3. Para expresar o verbalizar el proceso de razonamiento/ Mr 10:18; Mt 20:22
4. Para probar el compromiso así como el entendimiento espiritual/Jn 6:1-7
5. Para ayudar a los discípulos a aplicar la verdad/Lc 10:36; Jn 13:12
6. Para emplear la disputa, la argumentación y la lógica/ Lc 14:5; 13:2; Jn 8:46
7. Para reprender o señalar alguna falla espiritual/Mr 4:40; Lc 6:46
8. Para introducir una enseñanza/Mt 6:25; Lc 6:39, 41

Las preguntas de Jesús también fueron utilizadas para expresar emoción (Mr 9:19), para recordar lo aprendido (Mr 8:20), para fortalecer la voluntad (Jn 5:6), para contestar otras preguntas (Jn 21:22) y una serie de propósitos que por razones de espacio no mencionamos.

Jesús procuró con sus preguntas cultivar una serie de habilidades en sus discípulos. El quería motivar el pensamiento claro y dirigirlo. Llevar a la reflexión, pues le interesaba modificar actitudes y romper prejuicios.

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Las preguntas en Jesús promovieron el diálogo y sobre todo la creatividad. La pregunta en Jesús estimuló el descubrir nuevos senderos y nuevas maneras de ver la vida.

Un ejemplo de un interrogatorio fuctífero, en donde la pregunta se convirtió en generador de diálogo, es el conocido pasaje de Jesús y la mujer de Samaria, en Jn 4:1-29.

Vemos que con una pregunta indirecta: «Dame de beber», Jesús comienza un diálogo transformador. En este pasaje observamos como la discípula hizo más preguntas que El Maestro. Jesús con paciencia fue provocando el preguntar, hasta que la mujer termina el diálogo encontrando por sí misma las respuestas. «Venid y ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será este el Cristo?» Jn 4:29.

Pedagogía y teología

Al hablar de la pedagogía de Jesús y en específico de la pedagogía de la pregunta, concebimos la pedagogía religiosa como actividad teológica. Al Jesús provocar con la pregunta respuestas para la realidad existencial y social de sus discípulos produjo como resultado la reflexión teológica. No sólo la pedagogía de la pregunta nos lleva a cuestionar la fe o motivar el pensamiento crítico, sino también el pensar profundo y sincero sobre nuestra realidad. La pedagogía de la pregunta puede ilustrar de cómo la fe se va formando en procesos vivenciales de comunidades y pueblos que buscan responder a un momento histórico.

El ver la pedagogía como actividad teológica hace que movamos al

pueblo a tomar control de su pensar teológico.Pues es el pueblo el que vive la teología. Es quizás el momento en que se imparte la enseñanza religiosa donde mejor se recrea el pensar teológico. Es quizás el momento en que se imparte la enseñanza religiosa donde mejor se recrea el pensar teológico. Ese momento pedagógico de cuestionamiento nos invita principalmente a dos cosas: 1) a examinar la teología académica para ver cómo se relaciona con nuestra vivencia, contexto y realidad, 2) a evaluar nuestras doctrinas, experiencias y prácticas
de fe para ver cómo responden al evangelio.

La pedagogía de la pregunta en Jesús nos ayudará a ese difícil proceso de descubrir nuestras verdades procurando articular nuestra realidad. Provocar la reflexión de nuestra fe en contexto podría ser muy revelador para elaborar una teología contextualizada que realmente sea producto del pueblo, de su gran fe y de su entendimiento de Dios. Todos nuestros pueblos latinoamericanos tienen sus propios retos los cuales debemos afrontar con determinación.

En el campo de lo religioso la pedagogía se convierte en actividad teológica por varias razones. El modelaje es práctica de la fe. La imitación es necesaria en el cristianismo. Decimos que el cristianismo no es una religión sino un estilo de vida. Cómo producir cambios reales en nuestra sociedad si no se internaliza ni se pone en práctica lo que se enseña. Como toda educación que debe llevar a la modificación de la conducta, la educación cristiana es llamada a provocar cambios de actitudes y prejuicios en las personas, y de una manera profunda ya que enseñamos las verdades del evangelio. La pedagogía de Jesús debe ser vista como práctica que modela el vivir, como acción dentro de la realidad, como compromiso solidario con nuestras comunidades.

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