No. 1.392 II Época Año 2007 Tomo CXIX BOGOTÁ D.C. COLOMBIA
 
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POESIA

La creación del educador

MARIA DEL PILAR DE FRANCISCO

En el principio recibió el maestro los cielos y la tierra.
La tierra era confusión y oscuridad
dudas y miedos
ansias y soledades
hambres y angustia
quietud y silencio.
Y un viento de Dios aleteaba por encima dc las aguas.
Deseos y sueños
preguntas y sonrisas
canciones y movimiento
abrazaban la vida que bullía en fuentes interiores
abrazaban delfines y también corrientes violentas
olas serenas y tiburones sedientos.

Y dijo el MAESTRO: haya luz.

Y el maestro hizo luz
cada vez que el cielo se descubría cielo,
y la tierra sabía de sus miedos y canciones;
cada vez que el joven supo llamar
a su luz, día
y a su oscuridad, noche.

Revista El Mensajero

Y VIO EL MAESTRO QUE ERA BUENO.
ATARDECIÓ Y AMANECIÓ EL DÍA PRIMERO.

Y dijo el MAESTRO:

Acumúlense las aguas
y déjese ver la tierra firme, el suelo seco

on paciencia el maestro caminó sobre su tierra.
Escarbando, abriendo surcos, —a veces a flor de tierra—
encontró minerales, rocas, metales,
piedras preciosas
también lodo y arenales.
Y llenó al joven dc confianza, seguridad y autoestima.
Le enseñó a aceptar su fragilidad y su fuerza.
Subiendo sus montañas
y bajando hasta sus barrancos
le ayudó a reconocer sus alturas y sus abismos.
Recorrió su territorio y así pudo revelarle su grandeza
y sus límites.

Buceo en sus aguas
y descubrió en él su ansia dc Verdad, de Libertad y Belleza
su deseo de Bondad
e hizo que fueran el aliento que hinchara la Esperanza
de su balsa
y marcaran un rumbo en las aguas turbulentas
de sus mares.

Y VIO EL MAESTRO QUE ERA BUENO.
AMANECIÓ Y ATARDECIÓ EL DIA SEGUNDO.

Y dijo el MAESTRO:

Produzca la tierra vegetación
Hierbas que den semilla
y árboles frutales que den fruto sobre la tierra.

comenzó el maestro a moldear la arcilla
mezclando la tierra con el agua
y enseñó al joven a hacer figuras hermosas de sí mismo.
Desenterró piedras preciosas y cristales
que enseñó a pulir y tallar en formas caprichosas
y originales.
Trabajó metales finos y rocas duras
le ayudó a golpear, a frotar, a mezclar
y construir miles de cosas.

Cada creación era una sonrisa
que acariciaba de verde esa tierra joven
la cual se hacía cada vez más rica
tanto por dentro en sus pozos y en sus minas,
como por fuera, en sus flores, en sus árboles

en sus frutos.
El maestro sembraba vida
y el joven
bebiendo el agua de su propio pozo
iba creciendo poco a poco
hasta dar fruto.

Y VIO EL MAESTRO QUE ERA BUENO.
AMANECIÓ Y ATARDECIÓ EL DIA TERCERO.

 

Dijo el MAESTRO:

Haya luceros en el firmamento
para apartar el día y la noche
para alumbrar sobre la tierra

regaló el maestro dos luceros mayores al joven.

Uno era grande y de fuego.
Alumbraba la vida
con esfuerzo, constancia y tesón.
Era el espacio del estudio y del trabajo.
El espacio de la creación.

Otro era de plata
y aunque más pequeño
estaba rodeado de miles de puntos brillantes
que alumbraban la noche
convirtiéndola en un gran salón de baile.
Era el espacio de la celebración y la fiesta
del arte y del descanso.

Este regalo fue obra del maestro.
Creó los luceros con su estudio serio
y su trabajo abnegado
con su propia oración
con su propia canción
y su propio baile.
El joven descubrió su Sol en la luz del maestro
aquella noche oscura
en que sorprendió la sonrisa del maestro
que seguía creyendo
celebrando
alumbrando
la vida.

Y VIO EL MAESTRO QUE ERA BUENO.
AMANECIÓ Y ATARDECIÓ EL DÍA CUARTO.

Dijo el MAESTRO:

Bullan las aguas de animales vivientes
y las aves revoloteen en el firmamento.
Produzca la tierra animales vivos
de cada especie.

así fue.
Dejó el maestro soñar al joven
y alentó el deseo creador que surgía en él.

Acompañó sus sueños
sus intentos
su vigilia, su trabajo
su plegaria
sus logros e impotencias
sus éxitos y fracasos.

Lo acompañó.
No puso tapias a su imaginación.
Dio luz a su inteligencia
y hondura a sus sentimientos.
Fortaleció su voluntad.
Revista El Mensajero

iHizo acariciadores y a la vez penetrantes
sus cinco sentidos
capaces de percibir todo lo exterior
y lo de dentro.

Y la vida iba brotando de sus manos
dc sus ojos
de sus pies
de su boca
y en formas diversas se expandía por los mares,
por los cielos
y por toda la tierra.

Y VIO EL MAESTRO QUE TODO ERA BUENO.
ATARDECIÓ Y AMANECIÓ EL DÍA QUINTO.

Revista El Mensajero

Dijo el MAESTRO:

Hagamos hoy al hombre a nuestra imagen,
a semejanza nuestra
y mande en los peces del mar,
en las aves del cielo
y en los animales de la tierra

el maestro se dedicó a su última tarea:

Le enseñó a ser dueño de la vida
que le había sido dada.
Le hizo observar sus propias creaciones
y nombrarlas
no fuera a ser que las obras de sus manos
quisieran nombrarlo a él
y el joven olvidara su esencia
su propio nombre.

Le hizo recordar su propia historia
y nombrarla
para que su pasado no lo dominase
y siguiera construyendo el futuro
en su presente.

Y vio el maestro que el joven
ya era hombre.

Y VIO EL MAESTRO QUE TODO
ERA MUY BUENO.
ATARDECIÓ Y AMANECIÓ EL DÍA SEXTO.

Y en el día séptimo

el MAESTRO dio por concluida su labor.

Bendijo el maestro el día séptimo

y dio gracias al MAESTRO
por toda la obra creadora
que había hecho
sirviéndose de él como instrumento.

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