Su número es un verdadero signo de esperanza para el futuro. Mientras el clero llega a ser autóctono, quisiera congratularme por el trabajo paciente realizado por los misioneros para anunciar a Cristo y su Evangelio, y para dar vida a las comunidades cristianas que vosotros apacentáis hoy. Os invito a estar cerca de vuestros sacerdotes, a cuidar de su formación permanente a nivel teológico y espiritual, y a estar atentos a sus condiciones de vida y de ejercicio de su misión, para que sean testigos verdaderos de la Palabra que anuncian y de los sacramentos que administran. Ojalá que en su entrega a Cristo y al pueblo del que son pastores permanezcan fieles a las exigencias de su estado y vivan su sacerdocio como un verdadero camino de santidad.
Al concluir nuestro encuentro, queridos hermanos en el episcopado, quisiera unirme al pueblo que se os ha encomendado, exhortando a los fieles y a los pastores a formar comunidades animadas por un sincero amor mutuo e impulsadas por el deseo imperioso de trabajar en favor de una auténtica reconciliación. Que en todas las colinas resuene el canto de los mensajeros de la buena nueva de Cristo, vencedor de la muerte (cf. Is 52,7). Confiando las esperanzas y los sufrimientos del pueblo ruandés a la intercesión de la Reina de los Apóstoles, os imparto una afectuosa bendición apostólica, que extiendo de buen grado a los sacerdotes, a los religiosos, a las religiosas, a los catequistas y a todos los fieles de vuestras diócesis.
Benedicto XVI
Discurso a los Obispos
de Ruanda en visita
‘’Ad Limina»
21 de mayo de 2005
La formación del Clero autóctono, decía Nuestro venerado predecesor Benedicto XV, ha de encaminarse a hacerle capaz de tomar regularmente en sus manos, tan pronto sea posible, el gobierno de las iglesias y guiar, con la enseñanza y su ministerio, a los propios connacionales por el camino de la salvación (31). A tal fin Nos parece muy oportuno que todos cuantos, ya sean misioneros, ya nativos, se cuidan de tal formación, se consagren concienzudamente a desarrollar en sus alumnos el sentido de la responsabilidad y el espíritu de iniciativa (32), de suerte que éstos se hallen en grado de tomar muy pronto y progresivamente todas las cargas, aun las más importantes, inherentes a su ministerio, en perfecta concordia con el clero misionero, pero también con igual autoridad. Y ésta será, en realidad, la prueba de la eficacia plena de la educación a ellos dada y constituirá la coronación y el premio mayor de todos cuantos a ella hayan contribuido.
Precisamente, en atención a una formación intelectual que tenga presentes las reales necesidades y la mentalidad de cada pueblo, esta Sede Apostólica siempre ha recomendado los estudios especiales de Misionología, y ello no sólo a los misioneros, sino también al clero nativo.
Así, Nuestro predecesor Benedicto XV decretaba la institución de las enseñanzas de las materias misionales en la Universidad Romana «de Propaganda Fide» (33), y Pío XII aprobó con satisfacción la erección del Instituto Misionero Científico en el mismo Ateneo Urbaniano y la institución, tanto en Roma como en otras partes, de facultades y cátedras de Misionología (34). Para ello, los programas de los seminarios locales en tierras de Misión no dejarán de asegurar cursos de estudio en las varias ramas de Misionología y la enseñanza de los diversos conocimientos y técnicas especialmente útiles para el ministerio futuro del clero de aquellas regiones. Por lo tanto, se organizará una enseñanza tal que, dentro del espíritu de la más genuina y sólida tradición eclesiástica, sepa formar cuidadosamente el juicio de los sacerdotes sobre los valores culturales locales, especialmente los filosóficos y los religiosos, en sus relaciones con la enseñanza y la religión cristiana.
La Iglesia Católica -ha escrito Nuestro inm. predecesor Pío XII- ni desprecia ni rechaza completamente el pensamiento pagano, sino que más bien, luego de ha-berlo purificado de toda escoria de error, lo completa y lo perfecciona con cristiana prudencia. Ello, en igual forma que ha acogido el progreso en el campo de las ciencias y de las artes..., y en igual forma consagró las particulares costumbres y las antiguas tradiciones de los pueblos; aun las mismas fiestas paganas, transformadas, sirvieron para celebrar las memorias de los mártires y los divinos misterios (35). Y Nos mismo ya hemos tenido ocasión de manifestar sobre esta materia Nuestro pensamiento: «Doquier haya auténticos valores del arte y del pensamiento, que pueden enriquecer a la familia humana, la Iglesia está pronta a favorecer ese trabajo del espíritu. Y ella misma [la Iglesia] no se identifica con ninguna cultura, ni siquiera con la cultura occidental, aun hallándose tan ligada a ésta su historia. Porque su misión propia es de otro orden: el de la salvación religiosa del hombre. Pero la Iglesia, llena de una juventud sin cesar renovada al soplo del Espíritu, permanece dispuesta a reconocer siempre, a acoger y aun a sumar todo lo que sea honor de la inteligencia y del corazón humano en cualesquiera tierras del mundo, distintas de las mediterráneas que fueron la cuna providencial del cristianismo».
Juan XXIII, Princeps Pastorum